sábado, 30 de enero de 2010

¿Existen las sirenas?

A Samuel siempre le gustó el mar, a decir verdad, se sentía cautivado por esa inmensidad de agua sobre la tierra, por su continuo movimiento, su ruido constante, su olor a sal, su azul intenso…

Recordaba a menudo el baño de una tarde de Agosto. Aquella tarde se zambulló en el agua, con la única intención de disfrutar... su abrazo le envolvía y esa sensación de moverse a su antojo le gustaba.

Confiaba en sus aguas, se conocían desde niños, era una amiga muy buena, nunca le había fallado, por eso, se abandonaba en sus espumosos brazos azules y... perdía la noción del tiempo.

Despertó de aquel estado de felicidad absoluta, sintiendo que alguien le salpicaba, pensó: siempre hay algún gracioso cerca para chapotearte, miró alrededor para conocer la cara de su saboteador... no había nadie.

De pronto ¡se encontraba en mitad del mar! ¿Dónde estaba la orilla? El agua le había trasladado hasta allí ¿haciéndole suyo? Le invadió un pánico tremendo ¿cómo volvería a la playa?

Empezó a nadar con desesperación, con prisas, con miedo… temía por su vida, él, que tanto deseaba al mar, que pensaba que... lo amaba ¿moriría en sus brazos?

De repente, le salpicaban, miró alrededor... nadie ¿tenia alucinaciones? Estaba débil... advirtió la cabeza de una mujer ¿ella salpicaba? ¡Que confusión! Vio una gran cola de pez por encima del agua y…perdió el conocimiento.

Despertó en la orilla de la playa, miembros de la Cruz Roja le reanimaron, nunca supo a ciencia cierta como llegó allí, está convencido que fue ella, una sirena quien le salvó la vida.

Ha pasado mucho tiempo, el mar le sigue gustando más aun si cabe, y cada uno de los días de los meses de Agosto, Samuel, se baña en sus juguetonas aguas y secretamente, se pregunta... ¿donde estará?

Inmaculada Cordovilla (Mondragón, Guipuzcoa)

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